03.08.2026

¿Cuándo necesita zapatos un bebé?

En casa, descalzo. El zapato aparece cuando se sale a la calle. Qué mirar en el primero, cómo acertar con la talla y cada cuánto revisarla.

Un bebé da sus primeros pasos sobre suelo de madera con las manos de un adulto detrás

La pregunta llega siempre en el mismo momento: el bebé se suelta, empieza a andar por el pasillo y alguien pregunta que si ya le habéis comprado zapatos. La respuesta corta es que depende de dónde ande.

En casa, cuanto menos, mejor

Mientras el bebé está aprendiendo a andar en casa, el pie descalzo es lo mejor que le puedes poner. El pie de un bebé es blando y está lleno de terminaciones nerviosas: notar el suelo le ayuda a corregir el equilibrio y a repartir el peso. Un zapato rígido hace ese trabajo por él, y a esta edad no hace falta que nadie lo haga.

Si el suelo está frío o resbala —parquet, baldosa, gres—, lo que resuelve el problema no es un zapato, es un calcetín antideslizante. Abriga, deja que el pie trabaje y evita el patinazo.

El zapato es para salir

Fuera de casa la cosa cambia: hay gravilla, aceras, arena, cristales y frío. Ahí el zapato tiene una función clara, que es proteger. No corregir la pisada, no sujetar el tobillo: proteger.

Por eso el primer zapato no tiene que parecerse a un zapato de adulto en pequeño. Cuanto menos estorbe, mejor.

Qué mirar en un primer zapato

  • Que la suela se doble. Cógelo con una mano y dóblalo por la mitad. Si cede sin esfuerzo, bien. Si opone resistencia, ese zapato anda por el bebé.
  • Que sea ancho por delante. Los dedos tienen que poder abrirse y agarrar. Un zapato de punta estrecha se los junta.
  • Que pese poco. Cada gramo cuenta cuando llevas dos semanas de pie.
  • Que sujete el talón. No el tobillo: el talón. Es lo que evita que el pie baile dentro.
  • Que transpire. Piel o tejidos naturales. Los pies de un bebé sudan más de lo que parece.

La talla: dónde se falla

Mide el pie con el bebé de pie y apoyando el peso, no sentado: el pie se alarga varios milímetros al cargar. Mide los dos, quédate con el mayor y deja alrededor de un centímetro por delante del dedo más largo. Ni más ni menos: un zapato demasiado grande se sale y hace tropezar.

Y no lo midas una vez y te olvides. Entre el año y los dos años los pies crecen deprisa, así que conviene volver a mirar cada dos o tres meses.

Señales de que se le ha quedado pequeño

Antes de que te lo diga —porque no te lo va a decir— lo dice el zapato: marcas rojas en los dedos o en el talón al descalzarlo, el dedo gordo empujando la piel por dentro, o que de repente no quiera ponérselo. Ese último es el más fiable de todos.

Una última cosa

Cada pie es distinto y cada niño empieza a andar a su ritmo. Si notas algo raro en cómo pisa, cómo apoya o cómo camina, eso no lo resuelve un zapato: pregúntale a tu pediatra.

Si estáis en ese momento, tenemos los zapatos de primeros pasos y, para andar por casa, lo de la etapa Ya anda.

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